Las tareas económicas del próximo gobierno: tiempos complejos y mucha franqueza

Una frase atribuida al fallecido economista estadounidense Kenneth Galbraith sostiene que “la única función de la predicción económica es hacer que la astrología parezca algo más respetable”.

Al menos en lo que respecta a la actualidad colombiana, los astros parecen haberse alineado. En medio de la campaña electoral que vive el país, no es difícil predecir que la economía será el eje central de la lista de prioridades del próximo Presidente de la República –sin importar cual sea su identificación partidista u orientación ideológica.

La conversación económica –otrora técnica– parece hoy haber permeado prácticamente todos los espacios de la conversación pública. Temas como la inflación, la tributación, la política fiscal, el crecimiento del PIB y, por supuesto, las mejores formas de generar empleo tocan la cotidianidad de las personas.


Hace un par de semanas analizamos las tareas que en materia económica le quedan al actual gobierno. En esta ocasión queremos centrarnos en señalar los temas a los que, desde el primer día, tendrá que meterle el diente la próxima administración.


La pandemia produjo durante 2020 y 2021 una crisis sin precedentes, que ha traducido en el deterioro de la calidad de vida de decenas de millones de personas en Colombia y el mundo. La búsqueda de las mejores alternativas para reversar este panorama, ha hecho que las agendas públicas privilegien los temas económicos. Aunque nuestro país no es la excepción, no debe olvidarse que amplios sectores de la sociedad se han movilizado por temas económicos desde antes de la pandemia. Las movilizaciones ciudadanas de noviembre de 2019 –convocadas en protesta frente a la reforma tributaria de aquel año– son una prueba de ello.


El punto es que la sociedad colombiana lleva más de dos años esperando respuestas de fondo a sus preocupaciones económicas. Atenderlas y hacer frente a los enormes retos –agravados, además, por la crisis del covid– es una tarea inaplazable.


En el contexto de la recuperación pospandemia, el empleo es tal vez la mayor de las preocupaciones. Empleo digno, estable, de calidad y bien pagado. Se trata de un elemento transversal que toca la lucha contra la pobreza y las políticas orientadas a crear las mejores condiciones para generación de nuevas plazas de trabajo.


La política tributaria –por ejemplo, la reducción de los impuestos a la nómina con la expectativa de que parte del dinero ahorrado se traduzca en más empleo y mejores salarios – es una de las herramientas empleadas para este propósito. Como lo venimos reseñando en nuestros análisis de las propuestas de los candidatos y precandidatos presidenciales, la mayoría de aspirantes son conscientes de que hacer una nueva reforma tributaria es urgente e inaplazable.


En este sentido, en el contexto de una nueva reforma tributaria y del gasto público, el nuevo Presidente de la República tendrá no solo que decidir sobre los hombros de que sectores de la población se pondrán las nuevas fuentes de recaudo, sino también las mejores formas de direccionar la iniciativa hacia una recuperación más rápida del tejido social.


El diseño de la reforma será, probablemente, la primera prueba de fuego que enfrente el próximo Jefe –o Jefa– de Estado. La atomización del ecosistema político y la proliferación de opciones en el espectro ideológico permite anticipar que quien gane la Presidencia tendrá que buscar coaliciones con fuerzas diversas y no tan próximas a su postura política.


¿Quiénes van a pagar más? ¿Quiénes pagarían menos? ¿Se mantendrán las gabelas tributarias para las grandes empresas del país? ¿Más o menos impuestos para las micro, pequeñas y medianas empresas de Colombia? ¿Se les tocará el bolsillo a las personas de mayores ingresos? ¿Se contemplarían modificaciones en el esquema del IVA? Estas son apenas algunas de las preguntas que se deberán responder, en una reforma que podría llegar al Congreso este mismo año, pocas semanas después de iniciado el nuevo periodo de gobierno.


Para bien o para mal, las decisiones que tome el nuevo gobierno en materia económica no se circunscriben exclusivamente a un carácter nacional. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) resaltó la urgencia de aumentar el recaudo tributario en Colombia y formuló recomendaciones como un mayor recaudo por cuenta del impuesto de renta de las personas, reduciendo el umbral a partir del cual se empieza a pagar; y una reducción del alcance de los gastos tributarios en el IVA. Adicionalmente, recomendó un desplazamiento progresivo de la carga de financiamiento de la protección social hacia los recursos de tributación general con el fin de reducir la presión fiscal sobre los ingresos laborales, así como la fusión de los dos sistemas públicos de salud en uno que se financie con recursos de tributación general.


Sobre la mesa estará, pues, también la posibilidad de que en el país se impulsen reformas de carácter pensional y del sistema de salud. Se trata, por supuesto, de recomendaciones, pero no por ello dejan de describir un panorama complejo y retador.


Otro tema adicional del que tendrá que ocuparse el próximo Presidente de la República en materia de política social y económica tiene que ver con el mantenimiento de los programas que replican aspectos de una renta básica, o la introducción de una iniciativa que formalice en el país la creación de un ingreso mínimo garantizado. Este es un tema que toca diversas dimensiones de la política social –la pobreza, el empleo, la capacidad adquisitiva y la cobertura de programas de asistencia–, y es un tema que se deberá abordar con urgencia, dado que, al menos de momento, la vigencia del programa Ingreso Solidario solo irá hasta el 31 de diciembre de este año.


Muchas tareas, muchos temas. Y eso que solo hemos abordado el aspecto económico del próximo gobierno. Es, además, factible que a medida que pasen los meses se vayan agregando nuevos asuntos.


Es importante que los candidatos conozcan las complejidades del cargo al que aspiran –mucho más en estos tiempos–. Y aún más importante es que les hablen con franqueza a la ciudadanía sobre las decisiones complejas –e impopulares– que deberán tomar.


Por último, y si a alguno de nuestros lectores le interesa, ya se puede consultar la carta natal astrológica de Galbraith. No sabemos qué tanto le habría gustado ese tipo de predicción…