Crecimiento del PIB en 2021: ¿hacemos fiesta o no?

Actualizado: 28 feb

Hace un año, por esta época, se conoció que el Producto Interno Bruto (PIB) se contrajo un 6,8% durante 2020. En aquel entonces, muy pocas personas –incluyendo a los más optimistas– habrían apostado que un año más tarde se estaría reportando un crecimiento del 10,6% para 2021.


Se trata de una buena noticia por donde se le mire. El PIB, explica el Banco de la República, “es el valor de mercado de todos los bienes y servicios finales producidos usando los factores de producción disponibles dentro de un país en un periodo determinado”.


Se trata, entonces, de la medida del valor agregado que se constituye con la producción tanto de bienes como de servicios en un país a lo largo de un periodo de tiempo. Suele hablarse de PIB nominal cuando se toman como referencia los precios corrientes y de PIB real cuando la medición se hace partir de los precios constantes.


Cuando se compara el PIB de 2021 con el de 2019, el año anterior a la pandemia, se encuentra un crecimiento del 2,8 por ciento. La noticia es excelente: menos de dos años después de iniciarse la peor crisis económica de nuestra historia, la economía nacional produce más de lo que producía antes de la emergencia.


Sin embargo, este es un dato que hay que ver en su debido contexto. Si bien la comparación entre 2019 y 2021 resulta especialmente útil en un escenario inédito, como el planteado por la pandemia por covid-19, un análisis completo y comprensivo del comportamiento del PIB necesita más que dos –o tres vigencias–.


El contexto es también muy importante. El año 2019 cerró con masivas protestas que –centradas mayoritariamente en la inconformidad de una porción importante de la ciudadanía frente al manejo económico del país– anticiparon el estallido social que vivió el país los dos años siguientes.


En este sentido, que el PIB aumente un 2,8 por ciento frente a 2019 –aun con una profunda crisis de por medio– da cuenta de que la situación no es buena.


De nuevo: la noticia del crecimiento es muy positiva, pero, vista en contexto, refleja un avance extremadamente lento. Por un lado, el crecimiento del PIB ha sido lento durante décadas y, a diferencia de lo que pasa en otras regiones del mundo, no ha contribuido de forma significativa a reducir la desigualdad.


Un informe del Banco Mundial, titulado Hacia la construcción de una sociedad equitativa en Colombia, detalló en 2021 que el 10 por ciento de la población más rica del país tiene 11 veces más ganancias que el 10 por ciento más pobre. Se trata, además, de una situación que podría prolongarse en el tiempo, a menos que se implementen reformas adecuadas.


“La desigualdad de ingresos en Colombia es la más alta entre todos los países de la OCDE y la segunda más alta entre 18 países de América Latina y el Caribe”, señala el documento.


Así las cosas, el hecho de que nuestro país regrese en términos económicos a 2019 es un elemento positivo que, no obstante, debe contemplar la búsqueda de reformas y mecanismos que permitan un mejor manejo de la economía colombiana y de la forma en la que la gestión de las finanzas públicas se pone al servicio de la búsqueda de una mayor equidad entre la población y el cierre de brechas sociales.


La conclusión es contundente –y no es nueva–. Son necesarias reformas de fondo en materia de tributación, política laboral y seguridad social.


Las tareas, como lo hemos venido señalando, son inaplazables. Son también muy complejas y demandarán una inversión de capital político para sacarlas adelante.


La actual administración no tiene ni el tiempo ni el crédito en términos de economía política para plantear estos ajustes. Será, pues, una tarea inaplazable para el nuevo Gobierno y el nuevo Congreso que los ciudadanos elegirán este año.


El interés que generan estos temas y la forma en que atraviesan la cotidianidad de la ciudadanía han sido señalados por el propio director del DANE, quien comentó que las preocupaciones de los colombianos hoy se centran en la economía y el mercado laboral.


Las cifras positivas están. Ahora la pregunta es si la tecnocracia que permanece aferrada a mecanismos cuya eficiencia y efectividad quedó en el pasado, permitirán que se hagan las reformas necesarias. De esa forma, las cifras que destacamos hoy podrán ser motivo de felicidad y de una mejor realidad para millones de personas que no la pasan bien en Colombia.