El pesimismo domina el ingreso de Colombia a la ‘nueva normalidad’

A medida que cada vez más ciudades del país se alistan para echar a andar sus planes de reactivación total –dejando atrás restricciones de movilidad, regímenes especiales para determinadas actividades económicas, toques de queda y medidas de ley seca, entre otros–, el ingreso a la ‘nueva normalidad’ deja ver sus complejidades y enormes retos.


Las consecuencias de la pandemia en materia económica y social se han hecho evidentes a lo largo de los últimos 15 meses. Sin embargo, con la cotidianidad plenamente abierta –o en camino a estarlo– es indudable que veremos nuevas dimensiones y realidades del panorama que la emergencia ha implicado para Colombia.


La encuesta Pulso Social –la cual hemos reseñado en ediciones anteriores–, realizada por el DANE, con el apoyo técnico de Unicef, permite conocer, además del impacto que la emergencia ha tenido en los hogares colombianos, las perspectivas que las personas tienen respecto a su futuro y el del país. Se trata de una medición que da cuenta del estado de ánimo y las expectativas con las que las personas que viven en 23 ciudades capitales de departamento y áreas metropolitanas del país afrontarán la etapa que nos aprestamos a iniciar.


Démosles un vistazo a algunos hallazgos. Indagados sobre la situación económica del país durante abril de este año, el 62% de los encuestados aseguró que era peor respecto a la del mismo mes de 2020. A su vez, el 20,3% sostuvo que esta es mucho peor.


Respecto a cómo creen que será el panorama de aquí a un año, el 37,4% dijo que será peor; el 33,4% considera que será igual.


Un dato particular da cuenta de la magnitud del deterioro de la capacidad adquisitiva de los hogares colombianos. El 78,4% de los y las jefes de hogar en las 23 ciudades y áreas metropolitanas en las que se llevó a cabo la encuesta dijo que en abril de 2021 no tenía mayores posibilidades de comprar ropa, zapatos y alimentos, entre otros, en comparación con lo que sucedía hace un año; 18,7% tenía las mismas posibilidades; y apenas 2,9% tuvo mayores posibilidades de hacer este tipo de compras.


El significativo golpe que la emergencia ha implicado para los bolsillos de los colombianos se manifiesta también en la reducción de la capacidad que las personas tienen para ahorrar. En el contexto de la pandemia, más de tres cuartas partes de los hogares encuestados en el marco del Pulso Social han tenido que resignar la posibilidad de guardar para el futuro al menos una parte de sus ingresos.


El 78,5% de los y las jefes de hogar dijo que no tenía posibilidades de ahorrar parte de sus ingresos. De hecho, el 15,5% dijo que no tenía ingresos.


Para el trimestre febrero-abril de 2021, las ciudades y áreas metropolitanas en las que se reportó menor capacidad de ahorro fueron Florencia (91,5%); el área metropolitana de Bucaramanga (88,9%); Quibdó (87,8%); Pasto (86,7%); Santa Marta (85,5%); y las áreas metropolitanas de Cúcuta y Medellín, con 84,8% y 78,3%, respectivamente. Sincelejo y Valledupar aparecen últimas en este ranking. Aun así, los valores son bastante altos (61,4% y 60,2%, respectivamente).


Es importante tener en cuenta, eso sí, que esta preocupante realidad sobre la limitada capacidad de ahorro que existe en los hogares colombianos no es una consecuencia especifica de la pandemia. Resulta innegable que la emergencia agravó las condiciones existentes. Sin embargo, como lo encontró un estudio del Observatorio Fiscal realizado en julio de 2020, el ahorro es un lujo que casi la mitad de los hogares colombianos no puede darse.


Pulso Social también entrega un interesante panorama sobre el estado de las redes de cuidado y la forma en que la pandemia ha modificado la distribución del trabajo de cuidado a interior de los hogares. En los siete días previos a la encuesta, el 42,7% de los y las jefes de hogar aseguró no sentirse más sobrecargado/a con las tareas laborales en comparación con la rutina diaria antes del inicio de la cuarentena o el aislamiento preventivo. Respecto a las tareas domésticas, el 65,3% dijo que no sentía una sobrecarga, mientras que el 28,2% sí sintió.


¿Y el estado de ánimo de las personas? En abril de 2021, en los siete días previos a la encuesta, el 36,4% de las personas encuestadas sintió preocupación o nerviosismo, mientras que el 16,3% tuvo problemas para dormir.


Otro de los hallazgos especialmente dicientes de la encuesta tiene que ver con la seguridad alimentaria. En las 23 ciudades, antes del inicio de la cuarentena o el aislamiento preventivo, en promedio, 90,2% de los hogares consumían 3 comidas. En los siete días previos a la realización de este sondeo, dicho promedio bajó al 69,5%.


Por último, con respecto a las políticas de apoyo y asistencia, en abril de 2021 el 27,7% de los y las jefes de hogar en las 23 ciudades y áreas metropolitanas aseguró recibir ayudas de asistencia social por parte de instituciones públicas y privadas desde el inicio de la cuarentena o el aislamiento preventivo. De esta población, 10,3% las recibía antes del inicio de la emergencia.


Los hallazgos de esta encuesta deben verse a la luz de indicadores en materia de pobreza monetaria y empleo en Colombia. En 2020 la pobreza monetaria escaló hasta un 42,5%, lo cual implica que más de 21 millones de personas en el país se encuentran en esta condición –una cifra que contrasta con los 17,4 millones que se contabilizaron en 2019–. Por su parte, en abril el desempleo se ubicó en 15,1%.


La realidad que plantean tanto los indicadores como el estado de ánimo y el pesimismo que domina la percepción ciudadana de cara al próximo año –un tramo clave en el camino de la recuperación– supone un enorme reto para los diseñadores de política pública. Las respuestas institucionales deberán estar a la altura del reto.