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Colombia es el país que más ha perdido capacidad de inversión frente a Perú, Chile y Brasil

  • Observatorio Fiscal
  • hace 21 horas
  • 5 Min. de lectura

En los últimos años, Colombia enfrenta una tendencia preocupante en la que se invierte menos y se financia más caro. La inversión es uno de los principales determinantes del crecimiento económico en el largo plazo. Cuando un país invierte, acumula capital productivo y mejora su capacidad de generar ingresos en el futuro. Sin embargo, esta capacidad no depende únicamente de la voluntad de invertir, sino también de las condiciones en las que el país puede financiarse. En contextos de mayor incertidumbre o deterioro fiscal, el acceso al crédito puede encarecerse, afectando directamente la dinámica de inversión. 


En esta entrada analizamos la evolución conjunta de la inversión y del riesgo país entre países de la región como Perú, Chile y Brasil. Esto, para entender mejor los desafíos actuales de la economía colombiana. Para este ejercicio utilizamos dos indicadores: La formación bruta de capital fijo (FBKF), que mide la inversión en bienes duraderos como infraestructura, maquinaria y equipo; y el Emerging Market Bond Index (EMBI), que refleja la prima que exigen los inversionistas para prestarle a economías emergentes. A mayor EMBI, mayor tasa de interés y, por tanto, mayores costos de financiamiento para el país. 

La Figura 1 presenta la evolución de la FBKF como porcentaje del PIB en Chile, Colombia, Perú y Brasil entre 2013 y 2025. El gráfico muestra tres hechos principales. Primero, Chile y Perú han mantenido niveles de inversión relativamente altos y estables dentro del grupo. Segundo, Brasil ha registrado niveles más bajos de manera persistente. Tercero, Colombia pasó de estar cerca de los países con mayor inversión a ubicarse en el nivel más bajo en 2025. 


En efecto, la inversión en Colombia cayó de 23,4% del PIB en 2015 a 15,2% en 2025. Esta reducción de 8,2 puntos porcentuales es la mayor entre los países analizados. Esto no solo implica que el país invierte menos que antes, sino que también ha perdido posición relativa frente a sus pares. Este deterioro es relevante porque reduce la capacidad de la economía para expandirse en el mediano plazo. 

La caída en la inversión no ha ocurrido en aislamiento. En paralelo, también se ha deteriorado la percepción de riesgo del país, lo que permite entender mejor el contexto en el que se está dando este ajuste.

La Figura 2 muestra la evolución de la prima de riesgo de Chile, Colombia, Perú y Brasil. Durante buena parte del periodo, hasta 2021, Brasil fue el país con mayor riesgo dentro del grupo. Chile y Perú se mantuvieron con niveles relativamente bajos, mientras que Colombia se ubicaba en una posición intermedia. Sin embargo, esta situación cambió en los últimos años. 


Después de 2021, Colombia pasó a ser percibida como el país más riesgoso del grupo. Esto implica que debe pagar tasas de interés más altas para financiarse, tanto en el sector público como en el privado. Este cambio es relevante porque refleja un deterioro en la confianza de los inversionistas sobre la estabilidad macroeconómica del país. 


Este cambio es importante pues no toda deuda se percibe igual. Para un inversionista, no es lo mismo prestarle a un país que usa los recursos prestados para construir carreteras, puertos, hospitales o infraestructura productiva (impulsando la FBKF), que prestarle a un país que se endeuda principalmente para cubrir gastos corrientes. En el primer caso, la deuda puede ayudar a que la economía crezca más en el futuro y tenga mayor capacidad de pago. En el segundo, el endeudamiento puede verse como más riesgoso, porque no necesariamente aumenta la capacidad futura del país para generar ingresos. En síntesis, Colombia invierte menos y la percepción de riesgo país ha aumentado, lo que hace necesario indagar sobre cómo se relacionan estas dos dinámicas entre sí. 

La Figura 3 permite ver la relación entre inversión y riesgo país. Cada punto representa a un país en un año específico. En el eje vertical está el nivel de inversión como porcentaje del PIB y en el eje horizontal el riesgo país medido por el EMBI. 


La figura muestra un patrón en el que los países que invierten más suelen enfrentar menores costos de financiamiento, mientras que los países que invierten menos tienden a pagar tasas de interés más altas. En la práctica, esto significa que economías como Chile y Perú se ubican con mayor frecuencia en escenarios de alta inversión y bajo riesgo (ver en la figura: esquina superior izquierda), mientras que Brasil y en algunos años recientes Colombia, se ubican en escenarios de menor inversión y mayor riesgo (ver en la figura: esquina inferior izquierda). 


En el caso de Colombia, los datos recientes muestran un desplazamiento hacia la zona de menor inversión y mayor riesgo, lo que refleja un deterioro frente a sus pares. Esta tendencia sugiere que el país ha perdido parte del equilibrio que mantenía en años anteriores. 


Esta relación no implica que una variable cause directamente la otra. Tanto la inversión como el riesgo país dependen de múltiples factores, como el crecimiento económico, la política fiscal, las condiciones externas y la confianza de los mercados. Sin embargo, la evidencia sugiere que existe un vínculo relevante entre ambas variables que no puede ignorarse. 


Un primer canal a través del cual esta relación se materializa es el fiscal. Un mayor riesgo país implica tasas de interés más altas para el Gobierno, lo que incrementa el costo del servicio de la deuda. En este contexto, una mayor proporción del presupuesto debe destinarse al pago de intereses, reduciendo el espacio disponible para la inversión pública. Dado que este tipo de gasto suele ser más flexible que otros componentes del presupuesto, tiende a ajustarse con mayor rapidez. Así, el aumento en el costo del financiamiento no solo refleja una percepción de mayor riesgo, sino que también contribuye a reducir la capacidad del Estado para sostener niveles adecuados de inversión. 


Un segundo canal opera a través de las condiciones de financiamiento para el sector privado. Un mayor riesgo país no solo afecta al Gobierno, sino que también encarece el acceso al crédito para empresas y hogares. Tasas de interés más altas reducen la rentabilidad esperada de nuevos proyectos de inversión y desincentivan decisiones de expansión productiva. Al mismo tiempo, una mayor incertidumbre sobre la estabilidad macroeconómica puede afectar la confianza de los inversionistas.  


En conjunto, estos factores tienden a traducirse en menores niveles de inversión privada, reforzando la desaceleración de la formación de capital en la economía. De hecho, en un reciente blog mostramos como en 2027 el pago de intereses estará pronosticado como el segundo sector más grande del PGN, apenas por debajo del presupuesto de educación y con mayores recursos que la salud. 


Así, Colombia enfrenta una situación en la que invierte menos y se financia en condiciones más costosas. A diferencia de Chile y Perú, que combinan mayores niveles de inversión con menores primas de riesgo, el país se ha desplazado hacia un escenario menos favorable. 


Si esta tendencia se mantiene, Colombia enfrentará un escenario de menor crecimiento potencial y mayores presiones sobre sus finanzas públicas. El problema no es solo el aumento en el costo de la deuda, sino la reducción en la capacidad de invertir en aquellos sectores que impulsan el crecimiento de largo plazo. Por el lado del crecimiento económico, en un análisis anterior mostramos que, durante varios años, Colombia creció más rápido que Chile, Brasil y Perú. Sin embargo, entre 2022 y 2025 esa ventaja se perdió: el crecimiento del PIB colombiano dejó de destacarse frente al de estos países. 


En este contexto, desde el Observatorio Fiscal de la U. Javeriana reiteramos que fortalecer la sostenibilidad fiscal y recuperar niveles adecuados de inversión resulta fundamental. De lo contrario, el país podría quedar atrapado en una dinámica en la que el alto costo del financiamiento y la baja inversión se refuercen mutuamente. El riesgo no es solo pagar más por la deuda hoy, sino reducir la capacidad de crecer mañana. 

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