Terminó la recesión. ¿Y ahora?

El pasado viernes el Departamento Nacional de Estadística (Dane) anunció que la economía nacional creció por primera vez desde que los efectos de la emergencia provocada por la pandemia arrojaran cifras negativas, llevando al país a la peor crisis económica de su historia.


El crecimiento registrado durante los primeros tres meses de 2021 –el cual corresponde a 1,1%– contrasta con cifras como las del segundo trimestre de 2020, cuando se registró una contracción del 15,7%. Fueron la industria manufacturera, la administración pública y los sectores de Defensa, Salud, Educación y Agricultura los que jalonaron el crecimiento.


La noticia fue celebrada por el presidente de la República, quien aseguró que esta cifra estuvo “por encima de todas las expectativas”, que “la recesión como tal ha terminado” y que “el reto que tenemos todos los colombianos es que esta reactivación siga dinámica”.


¿Qué viene? La respuesta obvia es seguir creciendo. Sin embargo, las perspectivas hacia el segundo trimestre, además de que estarán condicionadas por los cierres ordenados por cuenta del tercer pico de contagios de covid-19, se verán afectadas por la consecuencia del paro nacional, próximo a completar tres semanas. La senda de reactivación económica está, pues, estrechamente ligada a la posibilidad de que se alcancen acuerdos entre los ciudadanos que se están movilizando en las calles del país y el Gobierno Nacional.


La meta fijada por el Ejecutivo en materia de crecimiento de la economía durante 2021 se ubica por encima del 5%. Se trata de un objetivo que, como quedó plasmado en el Marco Fiscal de Mediano Plazo, está fundamentado en la expectativa de un crecimiento de acordeón y la existencia de condiciones que faciliten la reactivación económica.


La hoja de ruta quedó planteada en un plan denominado Compromiso con Colombia, lanzado en 2020, el cual tiene cuatro ejes principales: generación de empleo, crecimiento limpio y sostenible, impulso de la política social, e inversiones rurales.


La primera línea contempla apoyo a las micro, pequeñas y medianas empresas, impulso de la infraestructura y transformación digital. La segunda, transición energética, iniciativas de reforestación y fortalecimiento de la política ambiental. La tercera línea contempla iniciativas contempladas en el fracasado proyecto de reforma tributaria –como la extensión del programa Ingreso Solidario– y la generación de empleo en sectores estratégicos de la economía, como la construcción. Por último, en materia de apoyo al campo se contempla la provisión de bienes públicos, el aceleramiento de obras en municipios priorizados y alivios a los pequeños productores. En este último eje se contempla también el fortalecimiento del sistema de salud.


Esta agenda de prioridades se viene ampliando con anuncios como el de la semana pasada sobre matrícula cero para estudiantes de estratos 1, 2 y 3 y el hecho este fin de semana sobre la puesta en marcha de un programa de subsidio para fomentar el empleo juvenil.


Llama la atención que varios de los programas que se han anunciado recientemente –incluidos en el retirado proyecto de reforma tributaria– estén encontrando nuevas fuentes de financiación. Esto plantea preguntas sobre la sostenibilidad de las iniciativas en el tiempo y sobre el diseño que en materia fiscal se planteará en el nuevo proyecto de reforma que presente el Gobierno.


Es un hecho que el país necesita un plan robusto, sostenible y con visión de largo plazo para impulsar la recuperación económica. El reto es conseguir que la visión que se le imprima en este momento incluya la mayor cantidad posible de voces, opiniones y sectores sociales. El consenso es una garantía de estabilidad no solo para los asuntos políticos, sino también para los económicos.


En buena medida, el éxito de la hoja de ruta que se ha puesto en marcha –y de todas las iniciativas que se le vayan sumando– pasa por alcanzar acuerdos lo suficientemente amplios como para que ninguna de las iniciativas esté condicionada por cálculos políticos o electorales.


La recesión terminó. Garantizar que la senda de crecimiento sea el camino del que el país no se desvíe, demanda acuerdos serios –y, sobre todo, un liderazgo fuerte y democrático.