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Decisiones laborales: ¿Las necesidades por trabajo doméstico afectan el empleo y la informalidad?

El tiempo es un recurso limitado y sin importar cómo todos lo dividamos sólo hay 24 horas en un día. En este blog estaremos hablando sobre las diferencias existentes en el uso del tiempo y los salarios por géneros (masculino y femenino) y por estado civil. Para esta caracterización se utilizará la GEIH (Gran encuesta integrada de hogares para 2021) para identificar los salarios y la ENUT (Encuesta Nacional del uso del tiempo realizada entre 2020 y 2021) a fin de reconocer como se distribuye el tiempo proporcionalmente entre tiempo de trabajo y tiempo de producción doméstica.




Según GEIH, en Colombia para el año 2021 la diferencia salarial en promedio entre hombres y mujeres era aproximadamente del 15%, con esto en mente vale la pena preguntarse cómo se está presentando la especialización de trabajos entre géneros. En este blog presentaremos cómo se observa en Colombia a cada género respecto a los trabajos remunerados del mercado laboral o los trabajos domésticos en el hogar. En el análisis incluiremos el estado civil de las personas (matrimonios y unión libre serán la misma categoría). Una vez se convive con alguien, se comparten ingresos, los gastos, el hogar, haciendo que posiblemente el estado civil sea un factor que diferencie el uso del tiempo y la satisfacción que las personas reciban de diferentes actividades. Cabe mencionar que los salarios son calculados sobre los individuos que trabajan y la proporción de tiempos en trabajo en el mercado y el tiempo en producción doméstica son calculados sobre todas las personas de cada grupo a considerar (para interpretar proporciones, 1 es que le dedica el 100% del tiempo a una actividad y 0 que se le dedica 0% del tiempo a una actividad).

Como se evidencia en la tabla 1 y la gráfica 1, los hombres casados son los que más ganan en la economía, entre los hombres solteros y mujeres casadas no hay mayores diferencias salariales y las mujeres solteras son las que menos ganan en la economía. Sin tener en cuenta su estado civil, se observa que las mujeres en promedio emplean más tiempo en producción doméstica, y menor tiempo al trabajo. En complemento, los hombres casados son los que más horas trabajan en el mercado laboral y los que dedican menos tiempo a producción doméstica.


Pensando en el ciclo de vida de las personas, en la gráfica 1 presentamos las diferencias teniendo en cuenta la edad de las personas (en el eje horizontal). Se observa cómo las mujeres y hombres casados menores de 40 años realizan más producción doméstica que los solteros, después de esa edad no hay tantas diferencias. Esto pareciese coincidir con las edades donde las personas tienen hijos menores. Por otro lado, se encuentra que los hombres casados son los que más salarios reciben en la economía, pero esto pasa claramente después de los 35 años.


En Colombia, el hecho de compartir el hogar hace que hombres y mujeres dediquen más tiempo a producción doméstica, aunque, el incremento de las mujeres es mayor que el de los hombres. Esto pasa pese a que, los hombres solteros y casados dedican casi la misma proporción de tiempo a trabajar en el mercado laboral, son los hombres solteros los que dedican sistemáticamente menos horas a producción doméstica. En las mujeres pasa lo mismo.

En el contexto de evaluar y pensar las necesarias reformas de la salud, laboral y pensional, presentamos cómo trabajar en el sector formal o informal cambia los usos del tiempo y los salarios. Definimos que un empleado formal es el que cotiza a pensión en el empleo actual. En esta parte, los salarios y la proporción de tiempos en trabajo en el mercado y el tiempo en producción doméstica son calculados únicamente sobre los individuos que trabajan.

En la tabla 2 y la gráfica 2, se observa que mientras en el sector formal de la economía no hay diferencias claras entre géneros ni estado civil con respecto a salarios, horas de trabajo, y producción doméstica, mientras que en el sector informal hay grandes diferencias entre los grupos.


En el panel A de la gráfica 2, los salarios promedios de los formales están arriba del promedio nacional mientras que los salarios promedios de los informales están por debajo de este; de hecho, después de los 35 años, los salarios formales tienden a ser el doble de los salarios informales. Además, llama la atención que a medida que aumenta la edad los trabajadores formales obtienen cada vez más ingresos. En contraste, en la informalidad, todas las mujeres y los hombres solteros parecieran ganar cada vez menos conforme envejecen y sólo los hombres casados informales mayores ganan más que los jóvenes, pero la diferencia es mucho menor que en la formalidad.


Como se mostró anteriormente, son las mujeres quienes emplean una mayor proporción de su tiempo en tareas domésticas, y de ir al mercado laboral, serán ellas las que buscarán contratos laborales flexibles, que dadas las legislaciones actuales son casi que únicamente ofrecidos por la informalidad. El panel C de la gráfica 2 muestra que las mujeres que trabajan en la informalidad hacen más tareas domésticas; los trabajadores y trabajadoras formales no dedican de forma diferencial el tiempo a tareas domésticas. Este resultado estaría indicando que las mujeres que tienen más necesidades domésticas principalmente encuentran opciones laborales en la informalidad. Sin embargo, aunque la informalidad ofrece mayor flexibilidad, también ofrece menos protección contra problemas de salud o probabilidad de desempleo y genera menos recaudo para los sistemas de protección social y pensional.

Como conclusiones, expandir la evaluación y discusión de la reforma laboral y pensional mirando objetivos no necesariamente relacionados, como el uso del tiempo, permite entender las razones que motivan a unos u otros para tener empleos formales e informales. Dado los resultados, se hace imperativo ofrecer oportunidades laborales flexibles para las mujeres que tengan restricciones domésticas de tal forma que puedan acceder a protección social a través del trabajo y logren mayores ingresos en el tiempo. En este sentido, reducciones de la jornada laboral, permitir cotización por ingresos y flexibilizar al mercado laboral formal debería proveerles a las mujeres con altas necesidades de trabajo doméstico los medios para acceder a las protecciones sociales que brinda la formalidad.


Adicionalmente, dada la legislación actual y dado que a lo largo de la vida de las personas cambian las tensiones existentes entre mayores salarios y flexibilidad en el uso del tiempo, los trabajadores y trabajadoras transitarán entre la formalidad e informalidad laboral, el desempleo y la no participación. Todos estos cambios que los trabajadores experimentan a lo largo de su vida terminan afectando el tiempo que los trabajadores están en la formalidad y, por ende, muy pocos logran pensionarse.


De esta forma, se deben alinear los incentivos de la reforma laboral y pensional para lograr que más personas accedan a red de protección social, obtengan pensiones en el futuro y que las personas logren armonizar estos objetivos con las diferentes necesidades de uso del tiempo en los diferentes momentos de la vida. Para el Gobierno, el cambio del estado laboral en el cual se disminuye la formalidad laboral trae consigo comprometer los recursos necesarios para sustentar las reformas que se están tramitando; esto es importante dado que las reformas están encaminadas en expandir el bienestar a la mayoría de los ciudadanos en el presente y en el futuro.

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