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Colombia lleva una década de caída de la inversión y enfrenta una meta difícil de alcanzar

  • ofiscal0
  • hace 1 día
  • 5 min de lectura

La inversión es uno de los principales motores de la capacidad productiva y el crecimiento de largo plazo de una economía. En Colombia, su evolución ha estado marcada por diferentes coyunturas y, durante la última década, por una caída significativa tanto como proporción del PIB como en términos reales. El Marco Fiscal de Mediano Plazo de 2026 supone que la tasa de inversión aumentará desde niveles cercanos al 17% del PIB hasta el 23,4% en 2035. Esto implica recuperar cerca de 6,4 puntos porcentuales en diez años. En este blog analizamos la evolución histórica de la inversión para evaluar qué tan viable resulta esta proyección en el contexto actual, teniendo en cuenta que de ella dependen las estimaciones de crecimiento, recaudo tributario, deuda pública y cumplimiento de la regla fiscal.


Para este ejercicio, se analiza la serie de Formación Bruta de Capital (FBK) como porcentaje del PIB desde 1990, la razón es que este agregado es el más cercano al concepto de tasa de inversión que reporta el MFMP y el más consistente para comparaciones internacionales. En este sentido, la pregunta central se basa en que, si hoy existen dificultades para materializar la inversión presupuestal en infraestructura ya apropiada en el PGN y también dificultades sobre la inversión privada, resulta importante evaluar el comportamiento histórico de alzas similares sobre la inversión total en Colombia o en economías pares en Latinoamérica en un horizonte de 10 años y bajo qué condiciones se hizo.

Según la Figura 1, Colombia registró en 2025 una tasa de inversión de 17% del PIB, uno de los niveles más bajos de las últimas dos décadas y menor al 18,6% del PIB promedio desde 1990. La línea punteada muestra la proyección hacia 2035, allí se observa que alcanzar el 23,4% del PIB implica un aumento cercano de 6,4pp, un cambio excepcional si se considera que la inversión cayó 6,8pp desde el 2015 cuando se ubicaba en 23,8% del PIB.


Colombia ya ha registrado incrementos de la FBK iguales o superiores a 6,4 puntos porcentuales en algunas ventanas de diez años. Sin embargo, estos episodios se concentraron en el periodo comprendido entre las ventanas 1999-2009 y 2005-2015, en un contexto particularmente favorable: recuperación posterior a la crisis de finales de los noventa, mejores condiciones de seguridad y un fuerte aumento de la inversión extranjera directa. En estas ventanas, la inversión aumentó, en promedio, 8,4 puntos porcentuales del PIB, mientras el PIB real creció 55,1%.

El contexto de máximo crecimiento de FBK y PIB difiere sustancialmente del escenario actual, pues el problema del supuesto no es únicamente la magnitud del incremento requerido, sino el punto de partida desde el cual debería producirse. Entre 2015 y 2025 Colombia pasó de invertir el 23,8% del PIB al 17,0%, una reducción de 6,7pp, la cual no solo obedece a que el PIB haya crecido más rápido que la inversión, sino a una contracción real del volumen de inversión. Como muestra la Tabla 1, mientras el PIB real de Colombia aumentó 27% entre 2015 y 2025, la FBK real se redujo 9,1% en el mismo periodo.


La experiencia de países comparables permite evaluar si incrementos de esta magnitud han ocurrido en la región y bajo qué condiciones. Entre 2015 y 2025, varios países latinoamericanos aumentaron su inversión, pero únicamente El Salvador lo hizo de manera contundente. Su FBK real creció 122,4%, muy por encima del aumento de 28,6% de su PIB, lo que refleja una expansión efectiva de la inversión y no únicamente un cambio en su participación dentro del producto. Este fue, además, el mayor incremento registrado por el país en una ventana de diez años durante el periodo analizado.


El resto de los pares latinoamericanos que lograron avances en la inversión lo hicieron a ritmos mucho más modestos. Paraguay (+6,9pp), República Dominicana (+3,6pp) y Guatemala (+3,1pp) también registraron una FBK real creciendo bastante más rápido que el PIB, mientras que Argentina (+0,0pp) apenas logró aumentar su inversión con crecimientos de FBK real y PIB prácticamente equiparables. 


Entre los países latinoamericanos analizados, Colombia fue el único en el que la pérdida de participación de la inversión estuvo acompañada por una contracción real de la FBK. Mientras Brasil, Ecuador y Perú redujeron su tasa de inversión porque el PIB creció más rápido que la FBK, en Colombia la inversión real cayó 9,1%. El país no enfrenta, por tanto, únicamente un rezago relativo, sino que también debe revertir una reducción efectiva de sus niveles de inversión.


Esta diferencia en las dinámicas de crecimiento e inversión es crucial. Un escenario es cuando la inversión pierde participación dentro del PIB porque la economía crece más rápido que la inversión, pero la inversión sigue aumentando y el país continúa ampliando su capacidad para producir. El otro escenario ocurre cuando la inversión también disminuye en términos reales, como sucedió en Colombia. En ese caso, se debilita el ritmo al que el país amplía y renueva su capacidad productiva. Por eso, volver a una tasa de inversión cercana al 23% del PIB no significa únicamente recuperar la participación perdida, sino revertir una década en la que la inversión pública y privada se redujo y lograr que, durante varios años, esta crezca mucho más rápido que la economía.


Cuando observamos las columnas del incremento máximo histórico de la Tabla 1, se muestra que cinco de los nueve episodios de mayor expansión de la FBK en la región (Argentina, Brasil, Colombia, Ecuador y Perú) alcanzan su punto máximo entre las ventanas móviles de 2000-2010 y 2003-2013, coincidiendo con el auge de precios de materias primas.  Esto sugiere que buena parte de los episodios de aceleración inversora observados en la región no han sido, en general, el resultado de políticas internas, sino que dependieron en buena medida de condiciones externas favorables que Colombia no tiene garantizadas en el horizonte que plantea el MFMP.


El análisis histórico e internacional sugiere que el incremento de la tasa de inversión implícito en el MFMP 2026 constituye un escenario posible, pero excepcional. La evidencia muestra que aumentos cercanos a 6,4pp del PIB han sido poco frecuentes tanto en Colombia como en la experiencia internacional y, cuando han ocurrido, generalmente estuvieron asociados a circunstancias extraordinarias o a episodios donde la inversión creció de manera persistente muy por encima del producto. Colombia enfrenta hoy, además de un menor dinamismo de la inversión privada, mayores niveles de incertidumbre internacional, restricciones fiscales que limitan la capacidad del Estado para impulsar la inversión pública y rezagos persistentes en la ejecución presupuestal de proyectos de infraestructura. La última década no estuvo caracterizada por una desaceleración relativa de la inversión, sino por una reducción efectiva de esta en términos reales.


Evaluar la viabilidad de recuperar la inversión es fundamental para determinar la credibilidad del escenario macroeconómico del MFMP. La sostenibilidad fiscal no depende únicamente de que las cuentas sean consistentes sobre el papel, sino también de que los supuestos de crecimiento, inversión y recaudo que las sustentan encuentren respaldo en la evidencia histórica y en las condiciones actuales. En consecuencia, alcanzar nuevamente niveles de inversión cercanos al 23% del PIB requerirá no solo recuperar la participación perdida, sino revertir una tendencia prolongada de caída de la inversión y sostener, durante varios años, un ritmo de crecimiento de la inversión significativamente superior al del PIB. 


Este patrón de una economía que crece mientras su capital físico se contrae plantea el cuestionamiento de si Colombia podrá sostener el crecimiento sin una base de inversión que lo respalde. Buena parte de la respuesta apunta a que ese crecimiento ha estado impulsado principalmente por el consumo de los hogares y no por la acumulación de capital productivo, un rasgo propio de una economía que consume más de lo que invierte para producir. De sostenerse este patrón, cabe preguntarse qué implicaciones tendrá sobre la productividad, la generación de empleo de calidad y la competitividad del país.

Desde el Observatorio Fiscal reiteramos que el próximo Gobierno deberá enfrentar el reto estructural de crear las condiciones para que Colombia transite hacia un patrón de crecimiento respaldado por mayores niveles de inversión productiva. Esto exige orientar la política económica hacia inversiones públicas y privadas más eficientes y estratégicas, capaces de elevar la productividad, promover un crecimiento sostenible y traducirse en mayor bienestar para la población.

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