La voz de los jóvenes en el paro: mucho más que un levantamiento k-poper

Un común denominador resalta al momento de caracterizar a quienes se movilizan en las calles y plazas de todo el país desde hace casi tres semanas –pidiendo inicialmente el hundimiento del proyecto de reforma tributaria, y ahora rechazando las ejecutorias del Gobierno en temas como la política económica y el cumplimiento del Acuerdo de Paz, así como los excesos de la fuerza pública en la contención de las protestas–: los jóvenes.


Se trata, sin embargo, de una categoría arbitraria en cuanto a la caracterización de la visión de la vida –y de las expectativas sociales, políticas y económicas– de quienes la integran. El panorama social y económico que ha rodeado a una adolescente que termina sus estudios de bachillerato en Medellín no es el mismo para otra en la misma situación en Aguazul (Casanare). Esto es obvio. Tampoco lo es para un joven universitario en Bucaramanga que para uno en Bogotá; en este sentido, una persona joven que no pudo acceder a la formación técnica o universitaria en Restrepo (Meta), tiene una concepción diferente de la vida y expectativas diferentes.


En el fondo, cuando se habla de “los jóvenes” se advierte una cierta infantilización de sus expectativas y demandas, así como de la madurez, la consistencia y, en últimas, la validez de sus posturas políticas. Lo que prevalece es el subtexto de “yo soy mayor, he vivido más que tú y ya aprenderás a protestar por cosas que realmente valgan la pena”. No se trata de una dinámica exclusiva de nuestros tiempos. Los baby boomers se lo dijeron a la Generación X y esta a los millenials. Y los millenials comienzan a decírselo a la Generación Z.


¿Cuál es, entonces, la voz real de los jóvenes colombianos? ¿Qué tanta fuerza política tienen sus demandas y posturas políticas? Para comenzar a responder esta pregunta conviene conocer la caracterización demográfica de la población de nuestro país. La pirámide poblacional indica que 22,% de los colombianos tiene entre 0 y 14 años; 68,6% entre 15 y 64 años; y 8,7% más de 64 años. Miremos los datos más de cerca: según cifras de 2019, la mayor parte de la población de Colombia está entre los 14 y 18 años (26,1%), seguida por las personas entre 18 y 26 años (16%).


Al menos por número, algo tendrán para decir los jóvenes.


Un insumo muy importante para conocer las expectativas, impresiones y valoraciones de la población joven del país lo aporta la tercera medición del ‘Estudio de Percepción de Jóvenes, realizada por la Universidad del Rosario, la Casa Editorial EL TIEMPO y la firma Cifras y Conceptos, y dada a conocer la semana pasada.


La muestra, que representa a 4,4 millones de personas –de las cuales 48% trabaja y 22% estudia–, reveló, por ejemplo, que el 84% de los jóvenes se sienten representados por el paro nacional.


Los resultados también reflejan una seria crisis de confianza en las instituciones. Lo deseable es que las movilizaciones tengan como resultado cambios de fondo –principios de acuerdo sobre un nuevo contrato social–. Sin embargo, los índices de confianza de los jóvenes en algunas instituciones son dicientes. La Policía Nacional, por ejemplo, tenía en enero de 2020 un índice de confianza del 29% frente a un 71% de desconfianza. Para mayo de este año la proporción es 13%-87%. Algo similar ocurre con la Presidencia de la República: en enero de 2020 un 13% de las personas consultadas dijo confiar en esta, frente a un 87% que aseguró no hacerlo. Esta proporción –aunque se mantuvo negativa– se redujo en noviembre de 2020, siendo 20%-72%. Sin embargo, para este mes ha caído de forma drástica: solo el 9% de los jóvenes confía en la Presidencia de la República; un 91% no lo hace.


En cuanto a los temas que más preocupan a los encuestados, el top 5 lo integran desempleo, pobreza, hechos de corrupción en la impunidad, demoras en la atención en salud e inseguridad.


La crisis de confianza no se reduce a las instituciones estatales. Los primeros cinco lugares en términos de confianza son para las universidades públicas (58% sí confía, 42% no confía); las redes sociales (51%, 49%); los medios de comunicación independientes (47%, 53%); las universidades privadas (44%, 56%); y la Iglesia católica (33%, 67%).


Los jóvenes hoy confían más en los sindicatos (27% sí confía, 73% no confía) y en los influenciadores digitales que en los medios de comunicación tradicionales (14%, 86%).


El impacto político de estas valoraciones no es menor. Precisamente por la descalificación que tradicionalmente ha rodeado la movilización ciudadana de las personas más jóvenes –que, además, no es exclusiva de las generaciones mayores– se deja de lado un detalle relevante: cuando se habla de jóvenes no se hace referencia solo a adolescentes o personas que comienzan sus veinte: se trata de personas entre los 18 y los 32 años –como en el caso de la población de esta encuesta–.


Se trata, pues, de personas que, además de tener edad para votar, se ven cada vez más impactados por las dinámicas políticas y sociales del país –aunque no lo quieran–. La tasa de desempleo entre jóvenes hasta los 28 años alcanza el 23,5%, mientras que la informalidad supera el 60%.


¿Y entonces? La gran conclusión es que no basta con “escuchar” a los jóvenes. Las personas en este rango de edad deben hacer parte activa en la concertación de soluciones para no perpetuar la parálisis política a la que han llevado las movilizaciones y la falta de respuestas efectivas por parte del Gobierno nacional. En juego están no solo la gobernabilidad para sacar soluciones de fondo a la crisis económica, sino la garantía de paz y convivencia en el país –incluyendo el respeto del derecho a la vida–.


En este proceso deben abordarse cuestiones de fondo, como la que apunta a si el comité del paro representa efectivamente a las personas que se están movilizando, pero también la necesidad de entender con qué jóvenes se quiere conversar.


Este panorama debe también leerse en clave política y electoral. Autores como Fred Cutler han analizado la estabilidad, la precisión y la claridad de los juicios de responsabilidad que hacen los ciudadanos, señalando que estos están mediados, principalmente por la información, pero son también susceptibles frente a la actuación de los partidos políticos.


Sin duda, este segmento electoral será muy apetecido de cara a las elecciones de 2022. Siempre será positivo que se planteen ideas, sin embargo es más que evidente que el país –y los jóvenes– demandan compromisos y caminos de solución en el corto plazo.


El tiempo apremia. Próximas a cumplirse tres semanas de movilizaciones, cada vez se escucha más la frase atribuida por algunos a Napoléon (y por otros a Perón) que dice: “Cuando no quiero que algo se solucione, nombro un comité”. Mientras tanto, en las calles, pero también en las redes sociales –esas en las que cada vez más creen–, los jóvenes hacen sentir su voz y sus demandas. ¿Llegarán las respuestas?

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