Cuidemos a quienes nos cuidan

 

En esta nueva entrada del grupo de género del Observatorio Fiscal de la Pontificia Universidad Javeriana, queremos compartir algunas consideraciones sobre el impacto del COVID-19, conocido como coronavirus, en la economía del cuidado en Colombia. En particular, revisaremos cómo las medidas adoptadas en el país frente al COVID-19 deberían tomar en cuenta el aumento de la carga de trabajo de cuidado. Dicho aumento tiene tres fuentes: el cuidado de los contagiados por el virus, el cuidado de las personas que están pasando más tiempo que el usual en el hogar (por ejemplo, niños que no están asistiendo al colegio), y el trabajo adicional de mantenimiento el hogar.

 

Este aumento en el trabajo del cuidado afecta en especial a la mujer, quien por los roles y responsabilidades asignados históricamente a su género asume en una mayor proporción las actividades de cuidado descritas. Esta situación puede verse en las cifras reportadas por la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT), en la que se registra que a nivel nacional las mujeres trabajan diariamente, en promedio, tres horas y media más en actividades del cuidado que los hombres.

 

Al día de hoy (lunes 30 de marzo) hay 798 casos diagnosticados de COVID-19 en Colombia, cifra que se estima aumente en los próximos días. Esta situación implica que, sumado al flujo normal de personas que acuden al servicio de salud por situaciones no relacionadas con el virus, habrá una mayor cantidad requerida de trabajo de cuidado de los servicios de salud, prestado por el personal de la salud y cuidadores remunerados o no. Esta circunstancia tendrá un mayor impacto sobre las mujeres, ya que, como lo explica ONU Mujeres, “las mujeres están en la primera línea de la respuesta y asumen mayores costos físicos y emocionales, así como un mayor riesgo de infección en la respuesta a las situaciones de crisis”.

 

A pesar de existir otros ejemplos de pandemias o situaciones de salud pública asimilables como el chikunguña, dengue, ZIKA, H1N1, vale la pena realizar la comparación con el VIH/SIDA en África por la profundidad de los estudios realizados sobre su impacto en las cargas de trabajo de cuidado que recaen principalmente sobre las mujeres.

 

Dos estudios en África encuentran efectos directos de la crisis por el VIH/SIDA en el trabajo de cuidado del continente. La experta en género y VIH/SIDA Stephanie Urdang encuentra una fuerte sobrecarga de trabajo de cuidado en las mujeres, en especial las pertenecientes a núcleos familiares con contagios de VIH/SIDA, reduciendo su capacidad para trabajar en el mercado. Por su parte, cuando la persona contagiada es mujer, el trabajo de cuidado que esta no puede realizar es reemplazado por otras mujeres del entorno familiar o social que, además de cubrir el déficit de trabajo de cuidado, cumplen con brindar asistencia directa a la mujer que contrajo el virus.

 

Nancy Folbre, economista y profesora en la Universidad de Massachusetts, refiere que en situaciones de crisis como las descritas es importante replantearse los roles de género para evitar una sobrecarga de trabajo que no pueda ser asumida por otros por falta de preparación para desempeñar las tareas del hogar. Lo anterior hace difícil redistribuir el trabajo de cuidado hacia los hombres, ya que estos no suelen tener entrenamiento ni práctica en las tareas domésticas. Este análisis es aplicable al contexto colombiano, en la medida en que existe un desequilibrio en las cargas de actividades de cuidado asumidas por mujeres y hombres, según el DANE estos últimos sólo dedican, en promedio, 3 horas y media diarias a los trabajos de cuidado no remunerados, frente a las 7 horas que dedican las mujeres.

 

Lo anterior deriva en un problema de dependencia del sistema de salud sobre las cuidadoras. Así lo describe Sophie Harman, profesora de Queen Mary University en Londres, al decir que el trabajo gratuito y supuestamente elástico de las mujeres libera al sistema de salud gracias a que a ellas socialmente se les hace responsables de garantizar el cuidado, especialmente el de salud. Es decir, al proveer un trabajo gratuito de cuidado, las mujeres sustituyen una labor de la que se debería encargar el sistema de salud. El sistema de salud se vuelve dependiente de un sector que no es visible y que de entrar en crisis, como es posible que ocurra en Colombia, no podrá ajustarse a la situación lo suficientemente rápido.

 

La segunda fuente de aumento en el trabajo de cuidado proviene de las medidas preventivas adoptadas frente al COVID-19, como el aislamiento, el cierre de instituciones como colegios, y las restricciones para la movilidad. Si bien estas medidas son necesarias, pueden generar dificultades en la cantidad y distribución de trabajo doméstico y de cuidado infantil, de la vejez y de personas con discapacidad dentro del hogar.

 

Para entender el impacto de estas medidas es importante considerar que, según el DANE, hay más de 7 millones y medio de estudiantes matriculados en Colombia. Si tenemos en cuenta que el Decreto 1850 de 2002 exige que se asignen a actividades educativas 25 horas semanales por estudiantes de primaria en colegios estatales, (horas efectivas de 60 minutos, no académicas) y si suponemos que los colegios privados realizan al menos estas horas semanales, se esperaría que los estudiantes de primaria representen mínimo 12 millones de horas de cuidado diarias. Esto, en una crisis de salud pública como esta, significa alrededor de tres horas y media de trabajo extra en hogares con al menos un hijo en estos grados.

 

 

Fuente: DANE[1] (2018) Educación formal (EDUC)

 

 

Ahora bien, a la cifra anterior no tiene en cuenta el cuidado infantil de menores en grados inferiores o en sistemas de cuidado alternativos, los estudiantes de grados superiores, las personas de la tercera edad y las personas en situación de discapacidad que no podrán ser atendidos por fuera de su residencia y los familiares que no asistieron al trabajo por encontrarse en aislamiento. Esto implica que el número de horas de trabajo extra de cuidado no remunerado en hogares aumente drásticamente, aunque no tengamos la capacidad de medirlo con exactitud.

 

Para prevenir una crisis de cuidado provocada por las razones que se explicaron anteriormente, es importante tener en cuenta las recomendaciones realizadas por la comunidad internacional, en especial las de la Oficina Regional de ONU Mujeres para las Américas y el Caribe, para incorporar a las mujeres y la igualdad de género en la gestión de la respuesta a la crisis:

 

1. Adoptar medidas directas de compensación a trabajadoras informales, incluyendo trabajadoras sanitarias, domésticas, migrantes y de los sectores más afectados por la pandemia, a fin de que sea posible mantener la generación de ingresos y los medios de subsistencia de las mujeres más afectadas.

 

2. Impulsar medidas de política que permitan reconocer, reducir y redistribuir la sobrecarga de trabajo no remunerado que se produce al interior de los hogares por cuidados de salud y cuidado de niñas, niños, personas mayores y personas con discapacidad, y que es absorbida mayoritariamente por las mujeres.

 

3. Promover estrategias específicas de empoderamiento y recuperación económica de las mujeres, considerando programas de transferencias monetarias, para mitigar el impacto del brote y sus medidas de contención, incluido el apoyo para que se recuperen y puedan desarrollar resiliencia para futuras crisis. (Documento completo)

 

 

Asimismo, la Consejería Presidencial para la Equidad de la Mujer, dependencia adscrita a la Vicepresidencia de la República, como parte de las estrategias de comunicaciones para promover la igualdad de género para las mujeres en el marco de la declaratoria de emergencia sanitaria por Coronavirus sugiere que:

 

  • - El  cuidado  de  niños,  niñas, personas  enfermas, personas  con  discapacidad  y  personas mayores, se debe de realizar en un ejercicio de corresponsabilidad que involucre a todo el hogar, no solo a las mujeres.

 

  • - Para el desarrollo de las actividades y funciones en el Hogar, desde el Gobierno proponemos se hagan reuniones por parte de los grupos familiares  para  distribuirse equitativamente las tareas del cuidado entre todos sus integrantes hombres y mujeres tales como la alimentación, la  limpieza  y  organización  de  las  casas,  el  cuidado  de  la  ropa  y  las gestiones  propias  del hogar como el pago de cuentas, las compras e incluso el cuidado de las mascotas.

 

Por nuestra parte, en consideración de la invitación de la Consejería de “buscar alternativas que contribuyan a la redistribución de las tareas del cuidado en los hogares y las empresas”, sugerimos que:

 

  • Cada miembro del hogar tome la iniciativa de instruirse en las actividades del hogar, aprovechando los momentos de aislamiento preventivo. De esta forma será más fácil distribuir equitativa y eficientemente las tareas del hogar y se podrá sustituir sin mayor problema cualquier carga de cuidado. 

 

  • Intervención estatal para el fortalecimiento de la infraestructura para la prestación de servicios públicos, particularmente en las zonas periféricas y rurales. Debido a la situación de las mujeres que se dedican al trabajo de cuidado no remunerado en condiciones precarias en estas zonas en particular, es decir en ausencia de tecnología o con difícil acceso a servicios públicos, y que se ven aún más perjudicadas por la la emergencia de salud pública actual.

 

Es importante recordar que dada la situación de aislamiento las mujeres y niñas se encuentran más expuestas a las violencias particulares que se sufren al interior del hogar, como la violencia intrafamiliar y sexual. Adicionalmente, el impacto económico de la crisis reduce la capacidad de negociación de muchas mujeres que se dedican exclusivamente al trabajo de cuidado no remunerado y que se encuentran en una situación de dependencia económica respecto a su pareja. Por lo que se ven limitadas en su capacidad de reacción frente a la violencia de la que puedan ser víctimas y son más vulnerables a esta. Es decir, el impacto económico de la pandemia puede generar barreras adicionales para huir de una situación de violencia y para acceder a mecanismos de denuncia o protección.

 

Por lo anterior, es importante destacar el llamado que se hace desde organizaciones internacionales, nacionales oficiales y no oficiales a fortalecer y asegurar la continuidad de los mecanismos ya existentes así como a adoptar los que hagan falta, para mitigar los riesgos a los que están expuestas mujeres y niñas, en especial aquellas que se encuentran en un situación de mayor vulnerabilidad, frente a las violencias particulares de las que pueden ser víctimas en el contexto actual de aislamiento y restricción de la movilidad.

 

En atención a este fenómeno y considerando las implicaciones particulares sobre las mujeres, como el aumento de las cargas de trabajo de cuidado y de la violencia al interior del hogar, consideramos que es necesario que las políticas que se adopten para contrarrestar los efectos de una crisis de salud pública de las dimensiones actuales, incluyan una perspectiva de género. Esta debe centrarse en superar las relaciones de desigualdad al interior del hogar y en la atención y prevención de la violencia contra las mujeres, así como en su educación y empoderamiento económico.

 

Les recordamos que las líneas de atención y orientación para COVID-19 en Colombia son:

 

  • Secretaría Distrital de Salud de Bogotá: 364 96 66

  • Orientación en Bogotá: +57(1) 330 5041  y resto del país: 018000955590

  • Atención telefónica a través del Centro de Contacto: En Bogotá: +57(1) 589 3750 Resto del país: 018000960020 de lunes a viernes de 7:00 a.m. a 6:00 p.m. y sábados de 8:00 a.m. a 1:00 p.m. en jornada continua

 

Asimismo las líneas de atención a mujeres víctimas de violencia están en completa disposición para que la ciudadanía se comunique y reciba apoyo y asistencia personalizada:

 

  • La línea 155

  • Línea púrpura distrital: 018000112137 - Whatsapp 3007551846 y correo  lpurpura@sdmujer.gov.co

     

     

     

     

     

     

     

     

     

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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