Hablemos sobre gráficas –y masacres–, viejo

En lo que va de 2020, en Colombia se han producido 46 masacres. Ocho de ellas han ocurrido en lo que va de agosto, cobrando la vida de más de 30 personas –de hecho, mientras escribo esta entrada se ha reportado otra, en Norte de Santander–.

Esta página de violencia parece, además, escrita con la sangre de los colombianos más jóvenes. Las historias de vida de los niños asesinados por paramilitares mientras iban al colegio, de los cinco adolescentes atacados brutalmente y de los ocho jóvenes baleados mientras departían con amigos dan cuenta de un país que pareciera estar matando su futuro.

Una escalada de esta magnitud debería suscitar la unidad nacional, un rechazo unánime y compromisos serios de acción y responsabilidad. Sin embargo, la política parece haber ganado la partida. Y, en un pulso para ver quién gana la narrativa –es decir, cómo fortalezco mi posición y a quién puedo atacar en el camino–, los números –y la forma en que se le presentan al público– parecen ser el caballito de batalla.

“Nos duelen los muertos que deja la violencia producto de narcotráfico y terrorismo. Entre 2010 y 2018, nuestro país vivió 189 homicidios colectivos, y entre 2019 y 2020, 34 hechos de esa naturaleza”, dice el mensaje publicado por el presidente de la República en su cuenta de Twitter el pasado 22 de agosto. Una gráfica de barras –la más básica que arroja Excel– complementa la publicación.

Además de reducir el asesinato de decenas de colombianos a simples números, este es un ejemplo de cómo no manejar información, dada la forma en que los datos se manipularon de forma antiética.

En el Observatorio Fiscal de la Pontificia Universidad Javeriana reportamos cifras todos los días. Buscamos formas sencillas, prácticas e innovadoras para hablarle sobre economía a un público más allá de la academia. Y, aunque hablar de dinero no puede igualarse a hablar de vidas humanas –ni en términos éticos ni narrativos–, la experiencia me ha dejado algunas enseñanzas.

Los datos presentados por el presidente son problemáticos por tres razones principales. La primera tiene que ver con la forma en que los datos se manipularon para distorsionar la realidad y hacer ver un escenario que no corresponde a la realidad. Comparar un periodo de tiempo de ocho años con uno de dos años no tiene sentido en términos estadísticos. De forma deliberada, esa presentación de datos –y su resultado gráfico en barras– dibuja una realidad cuyo amaño solo es posible dimensionar si se analizan los periodos de tiempo –una capacidad que infortunadamente no todas las personas poseen–.

Por otra parte, plantear una realidad tan compleja y dolorosa como la masacre de jóvenes solamente en términos de números resulta insensible. ¿Reportar las masacres en cifras supone un acto de deshumanización? No, la culpa no es de los números. Sin embargo, pareciera que los jóvenes muertos fueran simples cifras para el Gobierno nacional. Hay formas más sensibles de presentar la información.

El tercer argumento condensa los dos primeros: el diseño utilizado para presentar la información, básicamente, no es diseño. Las barras, además de ser el formato más genérico que existe, son indiferentes a las realidades que proyectan.

Esto remite al trabajo que venimos llevando a cabo en el Observatorio Fiscal, en donde le hemos dado especial relevancia al diseño de información. Esta disciplina se ha consolidado como un campo de estudio en el que el humanismo ha comenzado a jugar un rol protagónico. El objetivo central es que los datos no parezcan indiferentes al mensaje que se quiere entregar. La diseñadora Giorgia Lupi ha sido una de las pioneras de esta corriente: no se trata solo de entregar una gráfica con datos; la idea es que quien vea el producto pueda entender que detrás hay algo más importante.

Esta noción, aunque tiene un alto componente artístico, se puede aterrizar a campos como el económico. El contenido gráfico y visual que producimos en el Observatorio no evoca sentimientos, pero sí expresa magnitudes. Por ejemplo, ¿es posible expresar en una imagen una magnitud de millones de millones? ¿Puede una infografía explicar volúmenes de gasto? Ahí está el reto.

Lo importante en el caso de información económica, más que hacer sentir, es ser claros. Buscamos que las personas entiendan la información; no buscamos emoción o arte, sino que el público pueda sacar conclusiones claras sobre los datos.

Esta noción –y hablo aquí a título personal– la he obtenido a partir de la experiencia. Recuerdo, por ejemplo, una conversación con Santiago Alonso, quien es profesor en Departamento de Economía en la Pontificia Universidad Javeriana y es doctor en neurociencia, en el proceso de diseño de gráficas para nuestra campaña de difusión de información fiscal focalizada para cada municipio del país. El objetivo de esa publicación era que llegara no solamente al público habitual del Observatorio sino también a quienes viven en cada uno de esos municipios. Así que le pregunté a Santiago sobre las figuras que, según la neurociencia, son las más fáciles de reconocer para todas las personas. Me habló sobre las comparaciones –sobre todo las de tamaño y color–. Tenía toda la razón: la publicación tuvo amplia difusión.

En general, ese es el formato que solemos emplear: comparaciones de tamaño con color. Cuando hago diseños, no sé quién los va a ver. Nos leen académicos, periodistas, políticos, asesores y hacedores de política pública, pero también ciudadanos con diferentes profesiones y oficios. La idea es que cualquier persona pueda entender el contenido.

El humanismo en el diseño de información no puede –o no debe– descartarse al momento de diseñar piezas gráficas que expliquen procesos.

Humanizar los datos, además de pertinente para el contexto colombiano, es respetuoso con las audiencias. No solo es un asunto estético, sino de empatía y conexión con quienes reciben el contenido, y también con quienes están representados en él. De ahí lo desafortunado e intencionalmente confuso de la gráfica publicada por el presidente de la República.

No se trata, pues, de no contar las cosas. ¿Dejamos de reportar las masacres? Ojalá llegue pronto el día en que simplemente no ocurran más, pero, mientras tanto, hay que contarlas adecuadamente. Esa es también una forma de sensibilizar al público frente a un fenómeno tan alarmante.

Todos estos elementos se suman para lograr un objetivo que tratamos de desarrollar a diario: democratizar la información. Para lograrlo, se debe ser totalmente honesto en la ejecución –sin trucos que induzcan a una lectura errada–.

Paradójicamente, mucho de esto que he expuesto está consignado en los principios de la "economía naranja" sobre la que tanto se ha hablado en el país en los últimos años –las artes visuales, las formas innovadoras de contar realidades y cómo estos elementos se conectan con todos los aspectos de la cotidianidad–.

Y entonces, ¿cómo se verían los datos entregados por el presidente en una gráfica que realmente los desarrolle y entregue la información claramente? Presento a continuación mi propuesta. La acompaña también un mapa que muestra los departamentos en los que se han concentrado las masacres en el 2020 –un mapa que, ojalá, muy pronto, se pueda mostrar totalmente limpio y en blanco.

Descargue la imagen en tamaño real en el siguiente enlace: <<https://bit.ly/34FuNLt>>

* Manuela Ospina es diseñadora gráfica de la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano. En el Observatorio Fiscal realiza todas las piezas gráficas, incluyendo publicaciones impresas, piezas para redes sociales, gráficos, etcétera. Mantiene actualizada la página web y se encarga de determinar la apariencia gráfica para darle una identidad al Observatorio.

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